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Responsivo a medias: Google+ y su #Whitespace


Desde la presentación de Google+, Google ha ido rediseñando (y aún continúa) todos sus servicios para ofrecer una coherencia entre todos sus sitios y mejorar la experiencia del usuario.
Con estos rediseños, llegaron algunas buenas mejoras, como incorporar técnicas de diseño web responsivo.

Hay un error (yo diría pecado) muy frecuente últimamente entre los diseñadores web: asumir que el diseño web responsivo se enfoca en adaptar sitios web a pantallas pequeñas.
Es un error gravísimo creer eso, ya que la intención de la responsividad en el diseño es ofrecer el esquema y comportamiento más adecuado al marco de observación (el navegador), respondiendo de manera dinámica a cualquier cambio en éste.

Y Google parece haber caído en este pecado (y si no en este, entonces cayó en el otro que comento más abajo).
Ayer se presentó un rediseño radical en Google+, asemejándolo más a una aplicación que a un sitio. Con el lavado de cara aprovecharon para implementar un diseño web responsivo, reubicando algunos elementos y cambiando las dimensiones de otros, según el ancho de nuestro navegador.
¿Y cuál es el error? El layout actual de Google+ está "optimizado" para anchos de pantalla de 1024px hasta unos 1440px, esto abarcaría los monitores de 10" a 19". Con menos de 10" ya deberíamos acceder a la versión móvil del sitio (si implementan responsividad, otro grave error es tener una versión móvil separada de la versión desktop). Y con más de 19", se hace notorio un elemento que no debería ser percibido: el espacio en blanco.



Como se ve en la imagen, a la derecha del stream queda un enorme espacio en blanco inútil.
El espacio en blanco es un elemento importante en el diseño. Pero si el usuario final fija su atención en el espacio en blanco, si se percata de su existencia, entonces el trabajo del diseñador fracasó.
Google+ presentó desde su inicio una apariencia minimalista de la que podía enorgullecerse. Sin embargo, ahora presenta una zona en donde se aglutinan todos los elementos, y otra zona (que puede ser MUCHO más grande que la primera) en la que no hay nada, queda vacía.

Vacío no es igual a minimalismo.

Y la cosa empeora mientras más grande sea nuestro monitor, ya que el inmenso espacio vacío genera aún mayor sensación de condensación en la zona izquierda.
Un claro ejemplo de cómo se desaprovecha el ancho de la pantalla es este:

Click para ampliar
Hay un espacio para filtrar el contenido del stream, pudiendo elegir leer las publicaciones de un solo círculo, simplemente marcando el círculo deseado. Hay un ancho suficiente para mostrar los botones de bastantes círculos, y sin embargo, la lista colapsa después de sólo DOS botones, dejándome un enorme espacio desperdiciado a la derecha.

Pero todavía puede venir algo peor que el exagerado espacio en blanco:

Por la mañana, mientras los hashtags #whitespace y #useofwhitespace se convertían en trending topics, Vic Gundotra ofrecía un hangout en el que comentó que tenían algo planeado para ese espacio en blanco, aunque no precisó qué sería.
Y si Google no cayó en el primer pecado (ignorando los monitores de más de 19" en su diseño), es probable que caiga en uno mayor: el estilo Facebook. Esto es sobrecargar cada rincón del monitor con todo cuanto pueda meterse.

Si realmente tienen algo planeado para "rellenar" ese espacio en blanco, entonces perdería todo vestigio del concepto minimalista con el que comenzó Google+.

Y hablando de desaprovechar el tamaño del monitor, no pude dejar de pensar en la ironía de que este diseño "responsivo a medias" proviene de la empresa que desarrolla Android, cuyas aplicaciones para tablets no son más que la versión estirada de las mismas para smartphones.

Adaptemos toda la Web para Google y llamémosla 3.0

Desde hace ya algunos años que se habla de la llegada de la Web 3.0. Claro que no habrá un día en que se escuche el “click” y de pronto abandonemos la actual 2.0 para actualizarnos. En realidad no nos vamos a dar cuenta del cambio progresivo. Todo el proceso de transformación de la web se está gestando ahora mismo sin que lo sepamos y sin que notemos nada extraño al navegar por Internet desde el punto de vista del usuario.

Sin embargo, podemos buscar más allá de la pantalla que muestra esa información que buscamos, más allá de nuestra computadora, más allá del módem y de los cables y de nuestro proveedor de internet y adentro de la nube, si buscamos más vamos a encontrar una enorme maquinaria funcionando sin parar a base de programadores. Los vamos a ver constantemente actualizando, mejorando procesos, creando nuevos métodos. Toda esa inmensa maquinaria que no descansa, preparando el terreno para la llegada de la Web 3.0 se llama Google.

Al día de hoy es una estupidez explicar qué es Google o qué tanto interés tiene en Internet, pero sí es importante comentar que es uno de los mayores impulsores de esta evolución de la Web. Más precisamente, de una de sus características más importantes, llamada Web Semántica.

La Web Semántica es el pilar fundamental de la Web 3.0 y consiste básicamente en agregar etiquetas de metadatos que expliquen el significado del contenido de los sitios web, de manera que una computadora pueda interpretar el contenido de forma similar a como lo haría un humano. Se puede ver una explicación más completa en la Guía breve de la Web Semántica de la W3C.

Ahora bien, ¿dónde entra Google en todo esto? Bueno, resulta que dominando el mercado a nivel mundial, goza del privilegio de que cualquier persona que desarrolle un sitio, lo hará pensando en su motor de búsquedas antes que en cualquier otro.
Esto le da derecho a elaborar una serie de directrices que desde hace años exige solicita que cumplan los desarrolladores web.

Las directrices de Google abarcan aspectos técnicos, del diseño y de la calidad del contenido. Y uno de los temas en los que más hace hincapié es en que el código de un sitio web esté totalmente etiquetado, indicando qué significa cada uno de los elementos.
Aquí entra en juego HTML5, cumpliendo un papel importantísimo para la siguiente generación de la Web.
HTML5 cuenta con etiquetas semánticas para clasificar cada parte del contenido de una página. Además, se puede vincular el contenido con ficheros RDF y OWL que describan las relaciones entre los términos utilizados. A esto se le agrega que integra geolocalización de manera nativa, lo que altera los resultados de búsquedas dependiendo de nuestra ubicación.

Toda esta información invisible para el visitante del sitio, es recopilada y procesada por Google para devolver los resultados precisos a búsquedas como “¿Dónde puedo comprar una nueva campera de esta temporada que no cueste más de 1500?”. Y si los resultados son más precisos, la publicidad que nos muestre Google será más efectiva.

El problema es que para llegar a la Web Semántica que Google tanto quiere, hay que modificar los sitios que ya pueblan Internet. Esto significa un trabajo extra para los desarrolladores, teniendo que adaptarse a los requisitos de Google. Aunque todos saben bien que acatar todas sus recomendaciones y directrices juega a favor del posicionamiento del sitio y en contrapartida, hacer caso omiso de sus indicaciones puede significar una sanción (dependiendo de la gravedad de la falta, esto puede llegar a significar algo así como ser expulsado de Internet).

Pero claro, la rebeldía no existe cuando se trata de obedecer las órdenes del buscador rey, así es que todos los desarrolladores “temerosos de Google” se encuentran metidos en el código de sus sitios, ajustando todo lo necesario para disfrutar lo antes posible de los beneficios de la Web 3.0.

La idea de tener una Web Semántica viene desde que Tim Berners-Lee creó la World Wide Web, y una gran cantidad de empresas trabajaron durante años desarrollando tecnologías para sacarle provecho. Sin embargo, de no ser por las exigencias de Google hacia los desarrolladores web, no estaríamos ni remotamente tan cerca de alcanzarla. Después de todo, no es conocido como “El gigante de Internet” en vano.
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